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Oasis de Jesús Sacerdote n° 99 Octubre - Diciembre 1999 (Cruzada Española 1936-1939) Nº 9
Mn. LUIS ROMAÑÁ BRUNET (1911 - 1937)
"De ninguno de
ellos se sabe que claudicara
NIÑEZ
Nació en Barcelona el 29-XII-1911. Sus padres muy cristianos lo educaron en el amor a Dios y el amor a las cosas del cielo. Fue congregante mariano en el colegio de los Hnos. de las Escuelas Cristianas, donde aprendió a amar a la Virgen, que fue luego una característica de su vida. Pronto sintió en su corazón el llamamiento de Dios y dejando su empleo de cajero de banco entró en el Seminario de Barcelona.
SEMINARISTA
Se entregó con todo entusiasmo al estudio y a la formación espiritual alimentando su alma con la oración y el ejercicio de las virtudes, esforzándose en la caridad y en conservarse siempre afable.
Pronto los Superiores lo nombraron Sub-Prefecto de los filósofos, a lo cual se dedicó con espríritu de sacrificio. Era humildísimo y más de una vez pidió perdón al seminarista que acababa de reprender, pensando que lo había hecho con excesivo rigor.
Devoto ardentísimo de la Virgen, logró de sus Superiores que todo el Filosofado se consagrase perpetuamente a la Sma. Virgen el día de la Inmaculada de 1934 y que le hizo llorar de alegría delante de los seminaristas. Este acto se fue renovando cada año con la entrada de los nuevos filósofos, yo también la hice el año 1945 cuando, después de la guerra, empecé mis estudios de filosofía.
SACERDOTE Y APÓSTOL
Consagrado sacerdote, sacrificóse más de lo que se le pedía, hasta ser un verdadero esclavo de la caridad amando y sirviendo a los seminaristas y sacerdotes con admirable celo.
Al estallar la persecución Mn. Romañá fue detenido y llevado a un Comité de la barriada de Gracia (Barcelona) donde fue juzgado. Defendió claramente a la Iglesia y su carácter sacerdotal y dijo a los milicianos "poco me importa la vida", y eso lo hizo con tanto ardor y convicción, que se dividieron entre ellos, ¡era una lástima matar a un joven tan inteligente! ¡Podría ser un buen elemento para la causa comunista -decían unos-. Pero, ¿no había dado Moscú la orden de "liquidar" a todos los curas? ¿no era éste un cura? Pues esto bastaba. ¿Además no había dicho Pablo Iglesias, el Fundador del PSOE en el VI congreso, estas terribles palabras: "Nosotros vamos más lejos que los radicales burgueses. Queremos la muerte de la Iglesia. Queremos que desaparezcan los curas y frailes?" (Gómez Llorente- Hª del Socialismo Español) [Por cierto que en España se hizo, en 1998, un sello de correos de Pablo Iglesias].
Por fin prevaleció el parecer de los últimos y Mn. Romañá fue sentenciado a muerte y conducido al coche para darle un "paseo". Pero sucedió algo inexplicable. Al arrancar el coche, en vez de dirigirse al lugar del martirio, se desviaron y lo condujeron al domicilio de sus padres donde lo dejaron en libertad. ¿Fue por despecho y venganza por la discusión tenida en el Comité? o ¿Fue porque les dio lástima? ¿Fue porque Dios trocó el corazón de aquellos infelices? ¡Sólo Dios lo sabe! El Señor le reservaba para una misión providencial y necesaria que sólo él podía emprender.
En efecto, al estallar la persecución, el Rector y un buen número de Superiores eran ya mártires y los seminaristas se habían dispersado por toda la ciudad y alrededores cumpliéndose las palabras del Evangelio: "Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas"(Mt. 14,27). Estaban solos y con gran peligro de su vocación. Mn. Romañá se ocultó en varias casas de familias piadosas y empezó a tener contacto con algunos seminaristas. Pronto los fue agrupando y organizando. Les daba retiros clandestinos, los animaba a perseverar en su sublime vocación en medio de tanta iniquidad y anarquía, a prepararse para el martirio y sobre todo a ser fieles a la consagración perpetua que habían hecho a la Sma. Virgen. Organizó los estudios para que no perdieran los cursos del Seminario y tenía una copiosa correspondencia con ellos, cosa peligrosísima entonces, pues el correo era intervenido y leído para controlarlo. Fue una obra gigantesca. Hubo meses que llegó a escribir más de 70 cartas, todas en clave y firmando Luis u otro seudónimo. Se conservan muchas y son preciosas, llenas de celo sacerdotal y amor a los seminaristas. Como muestra de ello os transcribo dos:
Muy querido G: Por fin tengo la satisfacción de poderte escribir; hacía mucho tiempo que tenía deseos de hacerlo, pero no sabía cómo.
¿Sigues bien? ¿Estás animado? ¿Son tus ideales los mismos que antes? ¿Perseveras en los buenos deseos de volver a la Casa Grande? [Seminario] Y de la Madre [la Virgen] ¿te acuerdas?
Espero carta tuya, o mejor, una visita. ¿Cuánto tiempo hará que no has comido de aquel pan blanco y rico que antes tan a menudo podías comer? [Comunión. Estratagema porque se pasaba mucha hambre y el pan blanco era un lujo.] Ven un día con la seguridad que habrá un poco para ti también. Yo te recuerdo mucho, y'más aún cuando hablo con la Madre [la Virgen]... Espero carta tuya en la que me cuentes cómo estás de ánimo... Tu verdadero amigo que sabes te aprecia: J. u u u u u u
6-2-38 Querido C.: Supongo en tu poder la carta que hace poco te mandé. El objeto de ésta es decirte que no me olvido del encargo que me hiciste aunque en la anterior no te hablaba de ello -de que te proporcionase un libro de lec. espec. [lectura espiritual] y un diccionario l.e. [latino-español]; no tardarás en recibirlo.
Y lo del blanqueo [confesión] ¿cómo lo tienes? Hazlo cuanto antes y busca de poderlo hacer a menudo. Cuéntame tu situación respecto a esto... Supongo que te mantienes contento y animado.
¿Has recibido la circular y la hoja mensual? Sin duda debes estudiar mucho; los programas procuraré te lleguen con más regularidad, pues me parece que el último te llegó con retraso. Ya me dirás si da buen resultado este correo. Deseo saber si te es posible venir a Bar [Barcelona] cada semana, o cada cuando, con el fin de hacer clase de Filosofía. Adelante siempre que la Madre [Virgen] no te abandona. Dispón de tu verdadero amigo en C. M.
MARTIRIO
Tanto amor, tanto celo y sacrificio de esta alma generosa no podía terminar sin premio. Y el premio fue el que él había deseado ardientemente y se le había escapado de las manos: el martirio.
En septiembre de 1938 vióse obligado a incorporarse al ejército rojo. Se presentó como Profesor de Filosofía y fue destinado al frente del Ebro. Allí descubrió algunos seminaristas y pronto trabó amistad con ellos. De él nos da testimonio uno de ellos: "Su conducta era edificantísima; irradiando por todas partes bondad, sacrificio y buen ejemplo. Su oración era casi continua, siempre el corazón elevado al cielo, sus conversaciones fueron muy provechosas para nuestra vida espiritual".
Continuó, pues, en cuanto le era posible, su apostolado. Pero no se daba cuenta que los rojos hacía tiempo le seguían y le espiaban su correspondencia hasta que descubrieron que era sacerdote.
Fue acusado de espía y sin más preámbulos inmediatamente fusilado. Había cumplido la misión que Dios le había confiado: salvaguardar las vocaciones sacerdotales. Murió con el grito de ¡Viva Cristo Rey! y con sus labios pronunciando el dulcísimo nombre de María. Tenía 26 años.
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