BENEDICTO XVI estableció el “Año Sacerdotal”, es decir, un año para orar y sacrificarse por la santificación de los sacerdotes.
Nosotros los oasistas, tenemos más que otros, una obligación de cumplirlo porque nuestro fin es precisamente alcanzar de Dios muchos y santos sacerdotes. Aquí os ponemos esta plegarias, que os pueden ayudar en este Año Sacerdotal.
Preces por los sacerdotes.
(Estas preces las rezábamos en el Seminario de Barcelona allá por los años 1946...)
Señor:
Para afirmar y aumentar nuestra Fe....... ¡DADNOS SACERDOTES SANTOS! Para reanimar nuestra esperanza... Para hacer fecunda nuestra caridad... Para ayudarnos en la práctica de las virtudes... Para que todos conozcan tu doctrina...... Para combatir los errores y los vicios... Para mejorar las costumbres... Para cristianizar las familias y la sociedad tan paganizadas.... Para que los infieles se conviertan.... Para el sostenimiento de la Iglesia... Para la dirección de las almas... Para enseñar las riquezas de tu Corazón Sacratísimo... Para que venga pronto tu reino...
Oración: ¡Oh Dios que para gloria de vuestra Majestad y salvación del género humano constituisteis a vuestro Hijo Unigénito Sumo y Eterno Sacerdote; haced, os lo rogamos, que aquellos a quienes El escogió para miembros y dispensadores de sus misterios, permanezcan fieles en el cumplimiento de los oficios que tienen confiados. Por Cristo. N.S.
¡Reina de los Apóstoles, rogad por los sacerdotes!
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[Estas Horas santas son del OASIS DE JESÚS SACERDOTE, pero las pueden rezar todos los seglares]
No es preciso, esposa mía, saber mucho para agradarme, basta que me ames con fervor. Háblame, pues sencillamente.
¿Necesitas hacerme en favor de algún Sacerdote o alma consagrada una súplica? Dime su nombre, dime qué quisieras que hiciese por él. Pide, no tengas miedo, soy tu y su Salvador, soy el Esposo de tu alma.
Esta es la lección que quiero enseñaros hoy; el deseo más ardiente de mi Corazón es que mis almas escogidas se salven y quiero que mis esposas conozcan con qué facilidad pueden alcanzar almas sacerdotales. Pide mucho, no vaciles en pedir. Háblame, con sencillez, de los Sacerdotes a quienes quieras consolar, de los que ves padecer en cuerpo y alma, de los extraviados, de los que me han abandonado, de los que sufren persecución a causa de mi nombre, de los ancianos, de los pobres... Dime por todos una palabra. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica, y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos por quienes ofreces tu vida?
(Pausa)
¿Sientes acaso tristeza? Cuéntame aquello que hiere tu corazón. Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas las heridas. (pequeña pausa)
¿No quisieras penetrar y conocer los sentimientos de mi Corazón? ¡Cuánto deseo que os penetréis del amor que sentí cuando en el Cenáculo cuando instituí la Eucaristía y el Sacerdocio. Sentimientos de amor, de gozo, de ternura... Mas, ¡ah! ¡Cómo vi. en aquel momento las tremendas abominaciones que se cometían contra Mí, los Judas de todos los tiempos! Ruega por ellos para que vuelvan a Mí.
¿Y no tienes alguna alegría que comunicarme? Cuéntame lo que ha consolado y hecho sonreír tu corazón. Entra ahora en mi Corazón gusta de su dulzura, embriágate de su paz, deja que tu corazón se embriague al contacto de esta divina llama. Mira el fuego que lo consume, es el amor que tengo a las almas escogidas: los Sacerdotes y almas consagradas. A ellos reserva mi Corazón un sitio de preferencia ¿no es acaso esto motivo de profundo gozo y gratitud? (Pausa)
No olvides las santas inspiraciones que te he dado. Ama mucho a mi Madre Inmaculada y recuerda siempre que el Oasis vive en su Corazón Sacerdotal, Inmaculado, Maternal... y deja que Ella te enseñe: a) a vivir con sencillez, amor y alegría vuestro santo ideal sacerdotal. b) a vivir la inmolación del Oasis aceptando con alegría lo que la Divina Providencia disponga en cada momento del día, con humilde y gozosa obediencia a las santas Reglas.
Así viviréis vuestra maternidad espiritual y conseguirés muchos y santos sacerdotes que alegrarán mi Corazón y el de mi Madre Inmaculada.
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Corazón Eucarístico y Sacerdotal de Jesús, que un día dijisteis a vuestros amados Apóstoles, cuando venían cansados de predicar por los pueblos de Palestina: "Venid vosotros solos aparte, a un lugar solitario y tomad un poco de reposo..." ¡Oh Buen Jesús! deseamos que ese lugar de paz lo encontréis actualmente en nuestro Oasis, que es todo vuestro y de vuestros Sacerdotes...
Creemos firmemente que estáis aquí presente en el Santísimo Sacramento del altar...
Oímos tu amarga queja: "He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres; pero a cambio de su amor infinito, en vez de encontrar gratitud, halló olvido, indiferencia, ultrajes a veces, aún de parte de los mismos que deberían tributarle especial amor..." Por eso en este rato de intimidad con Vos queremos adoraros..., amaros..., consolaros... y, acompañaros en reparación de la soledad y abandono en que os encontráis en tantos sagrarios del mundo....
Queremos reparar nuestros propios pecados, ingratitudes e infidelidades y la de vuestros amados Sacerdotes... Y, os damos las más rendidas gracias por la excelsa y sublime vocación a que nos habéis llamado, confiándonos las almas más amadas de Vuestro Corazón.
**************** 2. Al ascender a los Cielos dejabais, Jesús, en la tierra vuestros más preciados tesoros: la Eucaristía, el Evangelio, la Cruz, los Sacramentos, vuestra Madre Santísima, las almas... Y, necesitabais de la fidelidad de un amor único para guardar esos tesoros; por eso, de lo íntimo de vuestro Corazón sacasteis el misterio del Sacerdocio, tan estrechamente unido a la Eucaristía, y que es el depósito de todos vuestros secretos, el guardián fidelísimo de todos vuestros misterios....
¡O Jesús dulcísimo! ¡Cuánto amáis a vuestros Sacerdotes...!
En el Cenáculo les abristeis vuestro Corazón comunicándoles vuestro más tierno amor y todos vuestros secretos... "No os llamaré ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor. Mas a vosotros os he llamado amigos, porque os he hecho conocer todas las cosas que he oído de mi Padre..." A ellos les habéis transmitido vuestros poderes de consagrar, de perdonar los pecados, de administrar los Sacramentos.... Cuando decíais a Pedro: "Apacienta mis ovejas", lo decíais también a todos los Sacerdotes, comunicándoles la paternidad espiritual sobre las almas... A ellos les revelasteis todos vuestros secretos y les dejasteis en herencia todos vuestros tesoros....
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3. Entre estos tesoros hay uno dulcísimo. ¿Quién no lo adivina? Es María vuestra amantísima Madre. En la hora más solemne de vuestra vida, viéndola a Ella y a vuestro amado discípulo al pie de la Cruz, pronunciasteis aquellas palabras divinas: "He ahí a tu Hijo", "He ahí a tu Madre". No le dijisteis a san Juan: "Te encargo a mi Madre, cuídame ese tesoro". No, sino que le dijisteis: "Esta es tu Madre". Y luego a María: "Este es tu Hijo", queriéndole dar a entender: en adelante éste será tu Jesús. San Juan era el representante de todos los Sacerdotes. Sabíais que el Sacerdote más que nadie necesita de Ella. El peso de su vida sacerdotal es muy grande, no puede llevarlo solo.
Hay secretos que el sacerdote no puede decir a nadie. Sólo a Ella puede confiarlos... Ella es su compañía..., su apoyo..., su fortaleza..., su consuelo.... Y cuando fatigado por el ministerio sacerdotal necesite descanso, lo hallará dulcísimo en el regazo maternal de María. Ella convierte sus penas en alegrías celestiales...
Otro regalo nos dejasteis en herencia. No quisisteis quedaros con nosotros solamente en la Eucaristía sino también en la persona del Papa. Él nos rige y gobierna en vuestro nombre o, mejor dicho, sois Vos que vivís en el Papa, quien nos rige y gobierna. Si cuando os acercáis a nosotros sentimos arder nuestro corazón como los discípulos de Emaús, también cuando nos acercamos al Papa, aunque sólo sea espiritualmente, debemos sentir arder nuestro corazón. Tres son principalmente los deberes que tenemos con el Papa: Mirarle con espíritu de fe, amarle con lo más exquisito de nuestro corazón y estar en comunión íntima con él. Estos son también los deberes que tenemos con la sagrada Eucaristía.
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4. Todos estos tesoros, aunque son para todos, los habéis entregado especialmente a vuestros Sacerdotes para que ellos los distribuyan a las almas. ¿Y, qué les pedís a cambio?: ¡Sólo amor! Sí, el Sacerdote ha de ser todo amor, todo pureza. Se ha dicho que el apóstol, el Sacerdote es un corazón rebosante de Dios que se derrama sobre las almas. El Sacerdote ha renunciado a todos los amores de la tierra para amaros a Vos con todo el corazón. Es la pregunta que le habéis hecho a orillas del Tiberíades en la persona de Pedro: "¿Me amas más que éstos?" Esta pregunta significa: éstos pueden amarme a Mí y a las criaturas; tú, no. tu amor debe ser exclusivo, tu corazón debe ser solamente para Mí.
Pero los Sacerdotes, a pesar de su alta dignidad, llevan estos tesoros en vasos frágiles y necesitan ser sostenidos por las almas que oren, se sacrifiquen e inmolen por ellos... Entre estas almas estamos nosotras, las OASISTAS, que hemos recibido la gran misión de ser verdaderas madres espirituales de los Sacerdotes. ¿Y, cómo desempeñaremos esta alta misión? Viviendo con toda fidelidad nuestro lema, que es el mismo de Jesús: "Pro eis sanctifico me ipsum", inmolándonos "por ellos" según nuestro espíritu y la observancia exacta y amorosa de nuestras Santas Reglas....
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5. Antes de terminar, este rato de adoración, queremos pediros Buen Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, por nuestro santo Padre, el Papa. Dadle vuestro amor..., vuestra luz y fortaleza y, defendedlo de sus enemigos. Os pedimos también por todos los Cardenales y Obispos, en especial por el de nuestra Diócesis, que todos tengan una sola alma y un solo corazón, unidos al Papa. Por todos los Sacerdotes que sufren persecución y cárcel... Por los ancianos y enfermos... Por los que están sufriendo las penas del Purgatorio. Pero sobre todo os rogamos tengáis compasión de los que os han sido infieles y como hijos pródigos viven inmersos en el pecado... Atraedlos, nuevamente, a la casa paterna de vuestro dulcísimo Corazón, donde únicamente encontrarán la paz y la felicidad.
¡Madre Inmaculada, guarda a tus hijos predilectos en tu purísimo Corazón, donde nada pueda mancillarlos!
¡San Juan María Vianney, rogad por todos los Sacerdotes del mundo!
¡San Juan de Ávila, rogad por el clero español!.
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Un día Jesús, compadecido de las muchedumbres que yacían como ovejas sin pastor, dijo a sus discípulos: "La mies es mucha, más los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a ella".
Hoy, después de veinte siglos, Jesús sigue diciendo lo mismo a todos los cristianos, pero muy especialmente a nosotras oasistas, que hemos sido elegidas por Él para consagrar toda nuestra vida a este fin.
Respondiendo a este llamamiento y al de tu Vicario en este Año Sacerdotal, te pedimos, ¡Oh, Buen Jesús!, aquí presente en el altar, que envíes MUCHOS Y SANTOS Sacerdotes a tu Iglesia, tan necesitada de ellos.
MUCHOS..., porque cada día es mayor la escasez... Porque son muchas las almas que no te conocen, no solamente en tierras de misión, sino también en nuestras grandes ciudades... Son muchas las almas que viven en el más espantoso abandono espiritual por falta de Sacerdotes que las enseñen y las dirijan y las conduzcan a Dios.
Y SANTOS..., porque los Sacerdotes deben continuar en la tierra la obra de los Apóstoles, lo que no pueden hacer sin santidad de vida. Si ésta les falta, serán árboles que no dan fruto; astros que no dan luz; sal insípida y desvirtuada. Y así, no podrán cumplir los dos grandes fines del Sacerdocio: la propia santificación y la de aquellas almas que les están especialmente encomendadas.
Por eso, en esta Hora Santa, te pedimos, Señor, Sacerdotes según tu Corazón.
Sacerdotes HUMILDES, conscientes de que sin Ti nada pueden... Que sepan llorar sus pecados, como san Pedro, cuando tengan la desgracia de caer.
OBEDIENTES a la Iglesia, al Papa, a sus superiores, a la disciplina sacerdotal, a las normas litúrgicas, a toda la tradición de la Iglesia.
Sacerdotes PUROS como ángeles, desprendidos de todos los amores de la tierra, para amarte sólo a Ti y a las almas.
Danos, Señor, Sacerdotes EUCARÍSTICOS, custodios fidelísimos del gran tesoro que se les ha encomendado; que traten la Sagrada Eucaristía con todo el amor y delicadeza de su corazón, con la reverencia y el honor que se merece. Que celebren la Santa Misa con devoción y fervor del día de su Ordenación.
Sacerdotes llenos de CELO por la gloria de Dios y la salvación de las almas, dispuestos a todos los sacrificios y renuncias que exige su estado sacerdotal.
COMPASIVOS Y MISERICORDIOSOS con las almas caídas, como Tú la tuvisteis con la mujer adúltera y con todos los pecadores.
Sacerdotes llenos de BONDAD, que atraigan a las almas inocentes como Tú atraías a los niños, dispuesto siempre a sacrificarse por los pobres, los enfermos, los ancianos.
Danos, Señor, Sacerdotes de VIDA INTERIOR, de ORACIÓN, fieles imitadores tuyos que pasabas la noche en oración y siempre estás intercediendo por nosotros. Ellos son los encargados de ofrecer en nombre de la Iglesia el "Sacrificio de alabanza" por medio de la oración pública y oficial del Breviario Romano. Ellos han de ser nuestros intercesores que aparten con su oración los castigos que merecemos, y nos obtengan los beneficios que necesitamos.
Sacerdotes muy fieles en la PREDICACIÓN DEL EVANGELIO, pues la Iglesia, depositaria y guardiana infalible de la divina revelación, derrama, por medio de sus Sacerdotes, los tesoros de la verdad celestial.
Danos, Señor, Sacerdotes ENAMORADOS DE MARÍA. Si Ella es para todos los cristianos "Vida... Dulzura... Esperanza" ¡Cuánto más lo es para sus hijos predilectos! Ella que formó, cuidó y protegió al primer y único Sacerdote, también lo hará con todos los Sacerdotes que son como una prolongación de Jesús. Ella, la guardiana de todas sus virtudes. Y si alguno se extravía, Ella sale en seguida a buscarlo, como divina Pastora, y no descansa hasta encontrarlo, como hizo con el Niño Jesús.
En fin, danos, Señor, MUCHOS y SANTOS Sacerdotes inflamados en el DIVINO AMOR que como San Francisco Javier, el Santo Cura de Ars, San Juan de Ávila, lleven a todas las almas al verdadero redil, del cual eres Tú el único Pastor, junto con la Divina Pastora.
¡Oh Buen Jesús, concedednos la gracia de penetrar en vuestro Santuario Divino y allí beber las enseñanzas que queréis darnos!
Esposa mía, deseo que seáis almas reparadoras, madres que se inmolen por sus hijos. Os he dado un corazón muy grande... y este corazón es para amar... ¡Amar a la Santa Iglesia, a los sacerdotes, a las almas consagradas...! Así viviréis y moriréis felices.
Santa Teresa, la hija fidelísima de la Iglesia, la que, con un suspiro de alivio y grito de victoria dijo al morir: "¡Por fin, muero hija de la Iglesia!", fue un alma siempre humilde y sumisa, siempre creyente y amante de la Santa Fe Católica y de la Santa Madre Iglesia. Esta santa doctora amó la Sacratísima Humanidad de Nuestro Señor Jesucristo y traspasó hacia la Iglesia su actitud respecto a Jesús, Dios y Hombre verdadero. Supo ver las dos caras de la Iglesia: la humana y la divina.
(pequeña pausa)
· ¿Qué es la Iglesia? Es la congregación de los fieles reunidos por la profesión de una misma Fe, la participación de los mismos Sacramentos y por la sumisión a los legítimos Prelados, principalmente al Sumo Pontífice de Roma, que es la Cabeza visible, a quien reconocen como a Vicario de Jesucristo , que es su Cabeza invisible.
PAUSA · El sacerdocio católico es uno de los dones más grande que Cristo ha regalado a su Iglesia: querer tener continuadores, hombres como instrumentos que realicen en el tiempo el papel nada menos que el de Cristo, SUMO ETERNO Y ÚNICO SACERDOTE. ¡Es aquí en Nuestro Señor donde hay que buscar la verdadera identidad del sacerdote!
En el Antiguo Testamento el sacerdocio levítico se heredaba de padres a hijos; pero en el sacerdocio de Cristo, no, es único, viene del Padre Celestial y no es temporal sino eterno. Los Sacerdotes católicos son participantes, de un único y eterno sacerdocio que Nuestro Señor continúa poseyendo y ejerciendo en la Gloria.
Cuando el Sacerdote actúa en sus ministerios específicos, no actúa sólo en "nombre de Cristo " como ministro y embajador suyo, sino que lo hace "in persona Christi". Cuando el sacerdote bautiza, es Jesús quien bautiza; cuando absuelve es Jesús quien perdona los pecados; cuando predica es el Divino Maestro quien enseña.
PAUSA
· ¿En qué consiste la grandeza del Sacerdote? Consiste en la íntima unión, identificación de Nuestro Señor Jesucristo con el Sacerdote.
Es Jesucristo mismo quien coloca al Sacerdote a su misma altura. Fue Nuestro Divino Maestro quien dijo:
- "Quien a vosotros oye, a Mí me oye, quien a vosotros desprecia a Mí me desprecia".
- "Como Mi Padre me ha enviado, así os envío a vosotros".
- "Lo que atareis en la tierra quedará atado en el Cielo, lo que desatareis en la tierra desatado quedará en el Cielo".
- "Haced esto en memoria mía" y al decir el sacerdote: "Esto es mi Cuerpo", "Este es el cáliz de mi Sangre", allí está real y substancialmente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Redentor.
Y al decir: "por Él, con Él y en Él a ti Dios Padre Omnipotente en la Unidad del Espíritu Santo todo honor y toda gloria", se da verdaderamente en aquel instante a Dios Padre todo honor y toda gloria.
PAUSA
· Si la generación espiritual de la Iglesia coincide en el alma de María con la generación física virginal de Jesús en su seno, podemos pensar que el nacimiento invisible de la Iglesia tiene lugar en el Corazón Inmaculado de María y es Ella la primera cristiana, Madre de la Iglesia y, al mismo tiempo, su primer miembro.
Pero el nacimiento visible de la Iglesia fue en el Calvario.
¡Qué diferencia entre las dos maternidades de la Santísima Virgen! En Belén dio a luz a su Divino Hijo sin dolor, llena de gozo... En el Calvario, del costado abierto del nuevo Adán y del corazón dolorido de la nueva Eva nacimos nosotros...
Madre mía, enséñanos a amar y reverenciar al Sacerdocio y a la persona del Sacerdote y agradecer a Nuestro Divino Esposo y Redentor tantas bondades como ha tenido para con la Iglesia y todos sus Sacerdotes.
¡Amado Jesús! Acéptanos unidas a Ti en la Cruz y sobre el altar donde te inmolas todo los días en la Santa Misa por los Sacerdotes y ofrécenos en la patena contigo como hostias agradables y pacíficas de amor.
A Ti acudimos, Madre divina, para que dentro de tu Corazón Inmaculado vivamos siempre inmoladas a la voluntad divina, teniendo en nuestros labios el FIAT del Amor hasta el fin de nuestra vida. ++++++
¿Qué es un alma sacerdotal? Es aquella alma que procura esforzarse en: " pensar, sentir, amar y actuar" como lo hace el Sacerdote que se sabe " ministro de Jesucristo y dispensador de los ministerios de Dios", que se da cuenta que ha sido escogido de entre los hombres, en favor de los hombres en las cosas que miran a Dios.
Para pensar, sentir, amar y actuar con este espíritu sacerdotal, hay que tener muy presente la misión propia del Sacerdote como prolongación de la de Cristo. Esta es triple: Maestro, Santificador y Pastor.
¡Madre Sacerdotal concédenos la gracia de pensar, sentir, actuar y amar como el Corazón Sacerdotal de Jesús!
PAUSA
Tendrá un alma sacerdotal la oasista que viva una vida de FE, de ORACIÓN y de SACRIFICIO. Sólo así se puede pensar, sentir, amar y actuar sacerdotalmente según el Corazón de Jesús.
¡FE, ORACIÓN y SACRIFICIO! No es difícil descubrir que estas tres características del "alma sacerdotal" se corresponden perfectamente con la triple misión del Sacerdote.
Si el Sacerdote es ministro de la Palabra de Dios, el "alma sacerdotal" es la que mejor recoge la divina semilla y la hace fructificar en una Fe cada día más viva y profunda.
Si el Sacerdote es santificador por la dispensación de los sacramentos y su plegaria en nombre de la Iglesia, el " alma sacerdotal" bebe esta agua divina de la gracia y la asimila en la vida de oración, en su vida interior.
Si el Sacerdote pastorea el Pueblo de Dios y lo rige y gobierna, "el alma sacerdotal" se une y coopera a ese "pastoreo" con su propio sacrificio, con la inmolación diaria de su cuerpo y de alma en aras de la divina Voluntad y según se lo pide el divino beneplácito.
¡Madre Sacerdotal concédenos la gracia de vivir una vida de FE, de ORACIÓN y de SACRIFICIO!
PAUSA
¡FE, ORACIÓN Y SACRIFICIO! ha de ser el tríptico de un alma que quiere ser sacerdotal, pues, es sencillamente vivir las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.
La Fe es fruto de la Esperanza y la mantiene y acrecienta. El sacrificio es piedra de toque del verdadero amor. Un amor que no sabe sacrificarse es un amor muy pequeño, no merece el nombre de Caridad.
En todo los tiempos ha habido y seguirá habiendo almas de fino espíritu sacerdotal, con un grande y particular amor al Sacerdocio con un gran respeto y entrañable estima a la sublime dignidad y a la tremenda carga del Sacerdote. Y estas almas las habrá siempre para consuelo del Corazón Sacerdotal de Jesús.
¡Madre Sacerdotal, concédenos la gracia de ser almas de fino espíritu sacerdotal para consuelo de Jesús!
PAUSA
La humilde Virgen María, la Madre Inmaculada, la Madre de la Iglesia, ha sido, después de Jesús, el alma más sacerdotal que haya existido jamás.
Nadie como Ella puede, de cada una de nosotras, realizar una verdadera "alma sacerdotal". Ella irá dibujando en el fondo de nuestra alma, el retrato de su Hijo. Lo hemos de dibujar en el entendimiento por la Fe, por el conocimiento de las verdades de Dios y en la voluntad por el Amor. Porque es en la voluntad del alma amante donde se realiza la copia perfecta de Jesús.
¡Madre Sacerdotal! Tú que fuiste la Madre del divino Corazón de Jesús donde reside el Amor increado y eterno de Dios, míranos postradas a tus pies y concédenos, por tu bondad de Madre, un amor gozoso y grande a nuestra vocación, de suerte que sólo vivamos para dar a nuestro Esposo Jesús, muchos y santos Sacerdotes, desgastándonos cada día por ellos y ofreciendo nuestra vida por su santificación.
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