Yo las amo, yo las oigo, cual oigo el rumor del viento, el murmurar de las fuentes
Como los pájaros, ellas, tan pronto asoma en los cielos el primer rayo del alba, la saludan con sus ecos.
Y en sus notas, que va prolongándose por los llanos y los cerros, hay algo de candoroso, de apacible y de halagüeño.
Si por siempre enmudecieran ¡qué tristeza en el aire y en el cielo! ¡Qué silencio en las Iglesias! ¡Qué extrañeza entre los muertos!
Rosalía de Castro
(1837 –
1885) |
|
|
|